“Minini”, en el panteón de los dioses de la Rumba cubana

El influjo vital de madre África vibra en el grupo Afrocuba de Matanzas. En la occidental provincia cubana, los tambores encienden el alma de la ciudad para conmemorar 65 años de tradición y amor a las raíces. La agrupación musical y danzaría hace historia y prestigia el legado de su fundador, Francisco Zamora “Minini”(1937-2016), inolvidable percusionista Abakua, santero y cantante. La fundación del grupo Guaguancó Neopoblano en 1957 sembró las raíces de Afrocuba de Matanzas, y dio la oportunidad al joven percusionista de compartir con el mundo toda la magia de sus ancestros.

 Los secretos de la auténtica rumba cubana y sus tres vertientes el Yambú, la Columbia y el Guaguancó, empezaron a sonar con una fuerza inusitada desde la calle San Juan de Dios, número 97 en la barriada de Pueblo Nuevo de la ciudad de Matanzas. Zamora aprendió los secretos de la percusión de la tradición oral de sus paisanos descendientes como él de los africanos que llegaron esclavizados a esa parte de Cuba. “Nosotros como jóvenes hicimos una agrupación por el día del cumpleaños de uno de los compañeros, Pedro Tápanes “Pello”, el 29 de junio. De ahí tocábamos en lugares y amenizábamos fiestas de santo hasta el año 1959, que triunfa la Revolución Cubana e integramos el Primer Festival Obrero Campesino al año siguiente”, recordó “Minini”. En 1968 la madurez de la agrupación sirve de base para completar su evaluación profesional con excelentes resultados. En ese periodo llevan el nombre de Folclor matancero hasta que en 1973 se establecen como Afrocuba de Matanzas.

 Música y bailes de origen Yorubá y Bantú integran un repertorio que se enriquece constantemente. Con el talento y la perseverancia de sus integrantes la agrupación, bajo la guía de “Minini”, se consolidó entre las mejores de su tipo en el país. Su sello distintivo cristaliza con el rescate del repertorio Bríkamo carabalí y Gangá y su innovador Batá-rumba. “Fuera del ámbito religioso era muy difícil ver el toque de un tambor Batá en la calle. Y nosotros buscamos una poliritmia entre los tambores de la rumba y los Batá”, confesó “Minini”.

 Del ingenio creativo de Afrocuba de Matanzas surgió un ritmo imposible de copiar por otras agrupaciones de la isla. El propio “Minini” explica sus peculiaridades: “No hay un ritmo fijo. El ritmo más fijo que puede utilizar el Batá-rumba es el montuno, pero todos tienen la salida como Guaguancó, como Abakuá que es como con Yessá, hay una mescolanza. De ahí le fuimos adicionando campana, cencerro, hasta lo último que incrementé que fue el trombón que viene siendo la base del ritmo, el bajo en sí de los tambores”. Desde 1973 el Batá-rumba ha viajado con Afrocuba de Matanzas por Estados Unidos, Canadá, Alemania, España, Suiza, el Congo, Angola y Finlandia. Recordemos que los Batá son un conjunto instrumental integrado por tres tambores de dos parches, denominados de mayor a menor Iyá, Itótele y Okónkolo, de antecedentes Yorubá. Se utilizan principalmente en las fiestas religiosas de origen africano en Cuba.

 “Minini” supo captar toda la esencia de la tradición de su pueblo natal. Convirtió el legado africano en un arte que prestigia la identidad cubana. El etnólogo y escritor cubano Miguel Barnet lo recuerda como “Un príncipe investido por la dignidad de la cultura de su pueblo. Minini nunca podrá ser olvidado”. Discos de gran valor surgieron de su imperio creativo como, Árboles, en 1985, Raíces africanas, de 2005 y Mokeré Okagua: atención cubanos, de 2015. La voz del príncipe resume el acto sublime de ofrecer su arte: “La riqueza hay que buscarla en el oído, que el espectador sienta, el bailador, el cantante, el tamborero que sienta la riqueza de lo que se está interpretando y la pueda vivir”.

 Estos días finales de junio de 2022, la provincia de Matanzas reverencia la huella de la prestigiosa agrupación con un coloquio que resume la trayectoria de una institución musical de referencia en Cuba. El evento que tiene por sede el Museo Palacio de Junco ofrece una muestra especial que destaca el liderazgo de Francisco Zamora “Minini” y su impresionante labor como formador de generaciones de rumberos. Muchas veces expuso su preocupación por la necesidad de formar a nuevos artistas que mantengan viva la huella de los ancestros africanos en Cuba. “A mí me da sentimiento que yo tenga que cantar estas canciones aquí, que mucha juventud aquí, rumberos, no sepan estos cantos. Que esto era lo que cantaban, tú me entiende, siempre los rumberos aquí, siempre se cantaba, y se está perdiendo. Y eso es lo que yo veo aquí, perdiéndose la rumba matancera”, expuso “Minini”, con la clara intención de alentar a los nuevos valores cultivadores del género en su tierra.

 La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró el 30 de noviembre de 2016, año en que falleció el gran rumbero cubano “Minini”, a la Rumba cubana Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. “La riqueza del ritmo, la gracia y sensualidad de los bailes y cantos y la alegría que trasmite, conecta con muchas personas, independientemente de su género, fenotipo, situación social o geográfica”, destacó la Unesco, que valoró ampliamente la huella africana en el ritmo y los elementos distintivos de la cultura antillana y el flamenco español.

 Ese día la voz de “Minini” estuvo allí mientras el comité evaluador reconocía que “La Rumba cubana es una expresión del patrimonio oral e inmaterial donde coinciden con armonía la tradición y la contemporaneidad”. Esa misma rumba que él supo engrandecer y amoldar al alma de la tierra que lo vio nacer con su poderoso ingenio creativo. Su adiós aquel 30 de junio de 2016 que no olvidaremos, se convirtió en un canto a la eternidad y a la huella de los ancestros que le acompañaron hasta su última morada, en el panteón de los dioses de la rumba cubana.