Bebo Valdés, “rareza del siglo”

Nadie puede obviar su nombre. Argumentos muy razonables impiden ciertos “olvidos”: Bebo Valdés fue, es y será un artista indispensable cuando se quiera contar la historia de la música cubana. Al morir con 94 años el Caballón—como también se le conocía—dejó un legado discográfico que abarca medio siglo, desde la primera grabación de descarga cubana hasta un deslumbrante encuentro con el flamenco que fue todo un hito comercial y de crítica.

Bebo Valdés

Para la periodista Judy Cantor-Navas Bebo fue “la personificación misma del encuentro entre la música afrocubana y el jazz”. El último disco de estudio del pianista fue el reencuentro con su hijo Chucho: Bebo y Chucho Valdés. Juntos para siempre, (Sony, 2008).

El decano de la dinastía pianística de los Valdés incorporó por primera vez los tambores batá a una formación jazz band en Cuba. En entrevista ofrecida al periodista Jaime Masó Torres, la admirada musicógrafa Rosa Marquetti Torres, declaró:

“Bebo es una figura seminal en la música cubana. No solo por ser el iniciador de una dinastía de músicos, de pianistas, sino por el aporte grande que hizo a la música como arreglista, como compositor, como director orquestal. Pero si no fuera suficiente, cuando decimos que Bebo estuvo inmerso en aquel grupo que crea el filin, reconocido por sus fundadores como uno de los arreglistas que más les ayudó a lanzar sus temas, a conformar el estilo; si todo eso no fuera suficiente para hablar sobre el aporte de Bebo en el surgimiento y desarrollo del mambo, ahí está su pieza Rareza del siglo, cantada por Rita Montaner que es una prueba de cuán inmerso estuvo Bebo en los inicios de ese mambo que luego consolida, desarrolla, estructura y difunde comercialmente Dámaso Pérez Prado.

“Si todo eso no fuera suficiente habría  que hablar de Bebo en la creación de un ritmo que estuvo llamado a ser una revolución en la música cubana en los años cincuenta y que por razones comerciales y por esas cosas que llamamos del “destino” y de la “suerte”, fue algo frustrado: el ritmo Batanga, que constituyó una revolución en el formato de la big band con la incorporación—lo digo con toda propiedad—por primera vez, de los tambores batá en un formato de big band a ese nivel. Creo que es más que suficiente todo esto que hemos dicho para que tengamos a Bebo entre los grandísimos de la música popular cubana”.

LEEA: Bebo Valdés y el batanga: principio y fin de una excelencia. Publicado en www.desmemoriados.com

Del son al jazz: elegancia y energía

Elegancia y energía son, probablemente, las dos mejores palabras para calificar el reciente espectáculo de la Compañía Santiago Alfonso en la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. Las instantáneas captadas por el fotógrafo David Garten así lo demuestran.

La temporada rinde homenaje a todos aquellos precursores que, a través de la rumba, el danzón, el son y el bolero transitaron por la música popular cubana y aportaron todos esos sabores al jazz y a otras sonoridades contemporáneas, en especial Su Autoridad Mario Bauzá.

Hay numerosas razones para disfrutar todo el ensemble que sobre el escenario despliega la compañía. Ya el baile y la música son  por sí solos elementos fundamentales para convocar y convencer, pero el creador va más allá: incorpora imágenes de archivo e invita a dos artistas que sostienen como columnas la narrativa que defiende. La sonera Haila María Mompié pone a prueba sus cualidades interpretativas. Nos recuerda a esas icónicas figuras de la escena cubana con el mismo glamur que ha defendido en más de dos décadas de vida artística. Alumna del maestro Santiago, La Mompié también baila y como en sus primeros tiempos, sale airosa.

Lo sabe el maestro Santiago y lo sabe Cuba: no se puede hablar de jazz sin mencionar a Bobby Carcassés. Tanto su entrada al escenario como el performance, es monumental. Nos engañamos al pensar que la edad limita a los grandes artistas, todo lo contrario. ¡Bobby brilla! ¡Bobby baila! El jazz lo rejuvenece.

No todo se queda en la fogosidad del ritmo. Hay un instante para hablar con el cuerpo en nombre del amor. Dos jóvenes bailarines enfrentan sus pechos, rozan sus labios en un derroche homoerótico a media luz. Es un tímido grito por la libertad. Así se siente.

Imágenes del espectáculo

Termina la función y tras las cortinas encontramos al maestro Santiago Alfonso Fernández, Premio Nacional de Danza, 2006. Ahí está el hombre que le robamos al béisbol. Ahí, con nosotros, el prestigioso bailarín y coreógrafo. Fundador de la compañía Danza Contemporánea de Cuba creada en 1959. Es Santiago, nuestro apóstol de la danza, reconocido internacionalmente por la dirección de exitosos espectáculos presentados por el Cabaret Tropicana, tanto en Cuba como en otras latitudes. Ahí está el hombre que tanto ha enfrentado al racismo, a la discriminación.

“¿Les gustó, caballeros?”, nos pregunta el niño que siempre quiso bailar en Tropicana. Un inmenso abrazo responde.

Miguel Ángel García y Santiago Alfonso

Fotos: ©David Garten