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Jorge Lefebre, “escultura de bronce viva”

“Yo pienso que, en la danza, como en la vida,todo depende de la sinceridad con la cual se digan las cosas”, afirmó Jorge Lefebre Infante, uno de los más importantes artistas en el mundo de la danza cubana e internacional, quien cumpliría este 24 de marzo 86 años de edad.

El hijo de Rafael Lefebre y Trinidad Infante llegó al mundo por Santiago de Cuba en 1936. En el ambiente mestizo de la capital oriental creció y vivió sus primeros años quien con el paso del tiempo sería uno de los más interesantes artistas cubanos del siglo veinte.

Según la maestra y bailarina Maricely Castillo*, Lefebre sintió especial inclinación desde muy temprano por todo lo relacionado con el mundo teatral y mostró vocación por la pintura, lo que en su juventud le serviría para la elaboración de diseños de vestuarios y decorados para diferentes obras teatrales en su ciudad natal y posteriormente en su larga trayectoria coreográfica.

A inicios de la década de los cincuenta el Ballet Alicia Alonso se presentó en Santiago de Cuba y el joven Lefebre se percataría de que era precisamente eso lo que deseaba para su realización artística y personal. Importante también en la definición de su vocación fue su contacto con el filme inglés “Las zapatillas Rojas” (1948) el cual presenta el drama que viven los integrantes de una afamada compañía de ballet que debe sustituir a su primera bailarina.

A partir de ese momento, luego de ver actuar a los bailarines que acompañaban a los Alonso, Jorge Lefebre estableció contacto con el maestro Fernando, quien años después resumió aquel encuentro de esta manera:

“En un viaje que hicimos con el Ballet Alicia Alonso a Santiago de Cuba se nos acercaron dos personas, Jorge Lefebre y Joaquín Banegas. Entonces me preguntaron que cómo podían hacer para estudiar ballet y les ofrecí una beca para que vinieran a La Habana, a la academia, a prepararse. Así vino Lefebre y estuvo con nosotros durante un tiempo. Lo poníamos a bailar en las funciones que dábamos y recuerdo que en varias ocasiones bailó en pareja con mi hija Laura”.

El joven Lefebre había llegado a los estudios de ballet con 18 años y tanto Fernando Alonso como Menia Martínez coincidieron en afirmar que sus posibilidades eran mayores para la Danza Moderna, razón por la que la dirección de la Academia lo envió a tomar clases con el maestro Ramiro Guerra.

A inicios de la década de los sesenta, estando en Europa, y tras varios años de formación con distintos maestros clásicos y modernos, en los que combinó el trabajo escénico con el aprendizaje, consciente de que sus mayores posibilidades interpretativas se encontraban en el terreno de lo moderno, se interesó por integrarse al Ballet del Siglo XX, la compañía dirigida por Maurice Berjart, al considerarla el sitio idóneo para explotar sus capacidades artísticas.

El joven fue aceptado y allí desarrolló su más brillante y amplia labor como bailarín, aunque su principal objetivo fue siempre llegar a ser coreógrafo. En esta agrupación danzaria, Lefebre permaneció en calidad de miembro permanente desde 1962 hasta 1973, destacándose en la interpretación de obras como “IX Sinfonía”, basada en la obra de Beethoven, en especial en su “Adagio” y en “Actus Tragicus”, con las que conquistó con su especial carisma a diferentes públicos europeos, entre ellos, al de Berlín, plaza donde se presentaría de forma exitosa en reiteradas ocasiones.

La labor de Jorge Lefebre en Cuba comenzó en 1970, ocasión en que también contrajo matrimonio con la bailarina cubana Menia Martínez, quien se había incorporado al Ballet del Siglo XX, y en el futuro devendría figura principal, profesora, ensayadora y la más preciada colaboradora suya en el Ballet Real de Wallonie.

La primera producción coreográfica de Lefebre en su patria fue para el Ballet Nacional de Cuba, la conocida “Edipo Rey”, sin dudas, el más importante trabajo que realizara con esta agrupación danzaria. La obra fue estrenada en Cuba el 5 de noviembre de 1970 en el teatro Federico García Lorca de La Habana con Alicia Alonso en el personaje de Yocasta y Jorge Esquivel en el papel de Edipo. Dos meses después de su presentación en La Habana, el 31 de diciembre, los bailarines cubanos lo presentaban en el Teatro de la Ópera de Montecarlo.

En su amplia labor coreográfica no faltó la necesaria integración entre diferentes factores técnicos que pudieran favorecer sus logradas puestas en escena. En la finalidad de sus obras estuvo siempre la constante preocupación porque todo funcionara correctamente y en este sentido dio excelentes muestras de gran dominio general del mundo del teatro, atendiendo así a cada uno de los responsables técnicos del espectáculo.

Su fuerte e impresionante personalidad jamás le impidió mantener un trato amistoso con todos los que trabajaban con él. Tenía una gran capacidad para hacer amigos, de acercar a la gente con su imán y gran simpatía. Poseía una fuerza hipnótica que pocas personas poseen y un carisma impresionante que lo acompañó durante toda su vida.

Jorge Lefebre falleció el 15 de mayo de 1990 en Bélgica a la edad de 54 años en la plenitud de su producción artística. Sus cenizas, traídas a Cuba diez años después, reposan, como era su deseo, en el cementerio Santa Ifigenia de su natal Santiago de Cuba.

Para el profesor, bailarín y coreógrafo cubano Eduardo Rivero, Lefebre fue “una escultura de bronce viva (…) Su presencia está en los gestos de la gente común de su Santiago”.

Documental Erzili en Lefebre

*Autora de la tesis: “Jorge Lefebre, una vida por la danza”.

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